La inteligencia artificial tiene sed. Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará — de alrededor de 485 TWh en 2025 a casi 950 TWh en 2030 — y un solo centro de datos de IA de 100 MW puede consumir entre 1,5 y 3 millones de m³ de agua por año para enfriamiento. ¿Qué pasa si, en lugar de gastar agua dulce y electricidad para enfriar servidores, los ponemos donde ya está frío: debajo del agua o en el Ártico?
La idea: llevar el computador al frío
El calor es el gran enemigo de un centro de datos. Tradicionalmente, se gastan enormes cantidades de electricidad y agua dulce en aire acondicionado. La naturaleza, sin embargo, ofrece enfriamiento gratuito: el mar profundo y las regiones polares están permanentemente fríos. La propuesta es simple — sumergir los servidores en el océano, o instalarlos en el norte helado, y dejar que el agua del mar o el aire ártico hagan el trabajo.
Proyecto Natick: Microsoft en el fondo del mar
Entre 2018 y 2020, Microsoft hundió una cápsula sellada con 864 servidores en las islas Orkney (Escocia), enfriada pasivamente por el agua del mar. Los resultados fueron notables: un índice de eficiencia energética (PUE) de 1,07, en comparación con el promedio de la industria de 1,67 — alrededor de 36% más eficiente — y una tasa de fallos que en servidores en tierra (sin oxígeno ni humedad que corroa, y sin manos humanas que interfieran). Sin embargo, Microsoft terminó el proyecto en 2024, concluyendo que la operación a gran escala sería difícil de comercializar y mantener.
China avanza donde Microsoft se detuvo
Donde Microsoft se retiró, China aceleró. En la costa de Sanya, en la isla tropical de Hainan, se está construyendo un centro de datos submarino comercial, con alrededor de cien cápsulas que se hundirán para alojar computación de IA a gran escala, utilizando el agua del mar como sistema de enfriamiento. Es la primera apuesta verdaderamente comercial en esta tecnología.
El norte helado: enfriamiento gratuito en tierra
No es necesario ir al fondo del mar. Países nórdicos como Islandia, Noruega y Suecia se han convertido en imanes para centros de datos precisamente porque combinan año frío (enfriamiento natural, casi sin aire acondicionado) con energía renovable barata (hidroeléctrica y geotérmica). Resultado: mucha menos electricidad y agua dulce gastadas en enfriamiento.
El reverso de la medalla
No es una solución mágica. Sumergir servidores plantea preguntas: el calor devuelto al océano puede afectar ecosistemas marinos locales; el mantenimiento y la reparación en el fondo del mar son complejos; y la colocación masiva de infraestructura en el océano tiene impactos ambientales por evaluar. Llevar todo al Ártico también concentra riesgo geopolítico y ambiental en una región frágil.
Conclusión
Centros de datos submarinos y en climas fríos son una dirección prometedora y real — no ficción científica. Reducen drásticamente el uso de agua dulce y energía para enfriamiento, y los números del Proyecto Natick prueban el concepto. Pero no reemplazan lo esencial: computación más eficiente, energía limpia y reaprovechamiento del calor residual. Son una parte ingeniosa de la respuesta a la huella de la IA — no la respuesta completa.
Fuentes: Microsoft (Proyecto Natick); IEA Energía y IA 2025; informes sobre el proyecto submarino de Hainan, China.